Muy próximo a las calas de Calella de Palafrugell, cuna de las habaneras, encontramos unos de los cabos más famosos de la costa catalana, el Cap Roig. Su nombre viene dado por el color rojizo de sus rocas, que resaltan aún más a cierta hora del día, gracias al reflejo directo de los rayos del sol y el contraste con las azules aguas de la Costa Brava.

Cubierto por una frondosa vegetación autóctona del clima mediterráneo, entre pinos y matojos, se extiende hoy uno de los Jardines Botánicos más bellos del Mediterráneo, donde más de 17 hectáreas de terreno cobijan a más de 1000 especies botánicas procedentes de todo el mundo.

Este maravilloso legado es obra principalmente de una mujer inglesa, de origen irlandés, llamada Dorothy Muriel Webster, conocida entre las gentes de Palafrugell como “la Rusa”, debido a que estaba casada con Nicolás Woevodsky, un descendiente del Zar Nicolás II.

Ambos decidieron viajar por el Mediterráneo en la búsqueda de un nuevo hogar, lejos de la guerra y los últimos escándalos de la alta sociedad en la que se vió involucrada Dorothy, cuando fué abandonada por su primer marido para casarse con su mejor amiga Almina, viuda de Lord Carnavon, quien descubrió la tumba de Tutankamon y que murió repentinamente en una expedición arqueológica a El Cairo, cuenta la leyenda que por culpa del maleficio provocado por el “despertar” de la tumba.

Fue en 1927, que el matrimonio Woevodsky invirtió todos su patrimonio en un puñado de tierras, sobre una escarpada loma junto al mar conocida como Cap Roig, lugar que nadie parecía apreciar demasiado, y comenzaron a trabajar en su sueño, la construcción de un castillo de estilo medieval y un jardín Botánico donde disfrutar de aquello que más les apasionaba, la arquitectura a él, pese a no estar licenciado, así como la botánica, las antigüedades y la decoración, a ella.

Él era un hombre bien plantado, con porte de coronel, muy bien relacionado entre la burguesía rusa, ella era una mujer delgada y nerviosa, pero de gran belleza, viva y entusiasta, aunque también con un gran carácter. De hecho era la primera en reconocer que los irlandeses tenían la sangre muy caliente y a veces se dejaban llevar demasiado.

La dedicación a su pasión era máxima, iniciaba su jornada a las 7 de la mañana, arrancando tallos o ramas, en un ir y venir frenético, junto a una decena de hombres que dirigía en la labor de la construcción del jardín botánico que tanto anhelaba.

* pulsa en la imagen para ampliar

Le gustaba bajar a bañarse al mar, algunos pescadores incluso confirmaban que se bañaba desnuda, el caso es que descendía sobre un burro, unos animales acostumbrados a este tipo de caminos difíciles, por el camino que lleva de los jardines hasta el mar, concretamente en una zona más escondida, una especie de puente natural de piedra, que recibió el nombre entre los lugareños de “la Bañera de la Rusa”. Bajo este puente, hay una gruta marina que se puede recorrer hoy en día en kayak y que está situada muy próxima a la Cala d’En Massoni, donde los Woevodsky disponían de un embarcadero.

Dorothy y Nicolás unieron su conocimiento y virtudes, y se convirtieron en intermediarios de la compra de terrenos en la zona, él se encargaba de proyectar la construcción de casas majestuosas e importantes, que posteriormente Dorothy decoraba. Fue así como la Costa Brava empezó a darse a conocer entre la élite británica.

Algunos ejemplos de esas magníficas casas son la construcción de “La Musclera” , cerca de Tamariu, para Lord Islington, gobernador de Nueva Zelanda y Kenya; entre Palamós y Platja d’Aro la casa para la famosa Madeleine Carroll, costeada por su marido, un oficial inglés del ejercito de las Indias, o “Sania” una villa para Lord Inshkape , cerca de la playa de Castell, que pasó a ser de los Urquijo aunque actualmente es de un barcelonés.

El matrimonio no tenía niños, aunque Nicolás contaba con dos hijos de su anterior matrimonio, decidieron legar su finca en el momento de su muerte, tanto el castillo como el Jardín Botánico, a la Caixa d’ Estalvis de Girona con la condición de que se completara su construcción y recibir una cantidad de dinero anual, hecho que permitió que vieran la edificación terminada, y garantizara el mantenimiento de estos impresionantes terrenos de una gran belleza.

Dorothy Muriel Webster, la esencia y alma del Jardín Botánico de Cap Roig, murió en 1980, rodeada de su diversidad de plantas, colores y aromas, observando el maravilloso mar Mediterráneo. Fué enterrada junto a su marido Nicolás Woevodsky, fallecido 5 años antes, en una zona rocosa del jardín botánico, donde encontramos cuatro lápidas, las dos del matrimonio y dos tumbas más pequeñas con dos de sus más fieles compañeros, “Nerón”, el perro que adoraba Dorothy y su gato “Bonzo”.

También te puede interesar cerca de Cap Roig ...

Comparte esta historia en tus redes sociales

Deja una Respuesta