El macizo de las Gavarres se sitúa entre las comarcas del Baix Empordà y el Gironés, en el extremo septentrional del litoral catalán, cubre una extensión de 350 km2 y acoge a un gran número de poblaciones como: Castell d’Aro, Calonge, Monells, Forallac, La Bisbal, Palafrugell, Palamós, Sta. Cristina d’Aro, Girona, Llambilles, Madremanya o Llagostera entre muchas otras.

Las Gavarres muestran formas rendondeadas, que fueron definidas por el escritor Josep Pla como “elefantíacas”, y nos ofrecen un extenso paisaje forestal donde destacan las cimas más altas de la Gavarra (533 m.) y Arqués (527 m.), junto con otros puntos como la Mare de Déu dels Àngels (485 m.), el Montigalar (467 m.), Santa Pellaia (353 m.), el Puig Cargol (363m.) o el Montnegre (285 m.).

Origen de las Gavarres 

Para conocer su origen, debemos remontarnos a la era paleozoica, hace 600 millones de años, en aquel entonces el macizo estaba sumergido bajo las aguas del mar, pero tras millones de años y debido a las variaciones del nivel del mar, su relieve se ha ido perfilando hasta la actualidad.

En la zona norte encontramos una orografía más escarpada donde predominan las rocas pizarras y de cuarzo. En cambio el sur está formado básicamente por gratino y arenisca, de formas más redondeadas y valles más abiertos. En esta última zona y tras el paso de los años, se han depositado otros sedimentos como las tierras rojizas de Sant Daniel o Vilaroja, las calcáreas de Girona y Fonteta o las arenas amarillentas de la Bisbal.

Su clima es típicamente mediterráneo, las mayores lluvias se concentran en la primavera, final del verano y el otoño. Las tierras del macizo están cubiertas por una red de aguas formada por nueve cuencas: Onyar, Ter, Rissec, Daró, la riera de Peratallada, la riera Grossa de Pals, Aubí, riera de Calonge y Ridaura, que dieron lugar una gran cantidad de fuentes naturales que fueron aprovechadas por el hombre para explotar los recursos disponibles y que algunas de ellas, están actualmente en proceso de rehabilitación.

Los primeros habitantes

Los primeros habitantes de las Gavarres llegaron hace 100.000 años, eran pequeños grupos nómadas que subsistían gracias a la caza y la recolección de frutos silvestres, y seguían a los rebaños de animales con los que se alimentaban y confeccionaban sus vestimentas. Con la aparición de la agricultura y la ganadería en el periodo neolítico (5.000 años a.C), se establecieron los primeros asentamientos al aire libre.

Bajo la gruesa capa de vegetación de las Gavarres, encontramos los restos de las diferentes etapas de la historia del macizo. La evolución de los primeros indígenas en contacto con los pueblos colonizadores del Mediterráneo, fenicios y griegos, dio paso a la cultura ibérica, que se estableció en poblados elevados desde donde era más fácil el control y su defensa. Algunos ejemplos son Castell Barri a Calonge, el Puig del Castell a Cassà y la Creueta a Quart.

Con la llegada de los romanos en el s.III aC., la población abandonó los poblados elevados y se estableció en las villas agrícolas, que estaban situadas en las llanuras donde podían gestionar su explotación. Encontramos las villas lujosas de El Collet de Sant Antoni a Calonge o Vilarenys a Vall-llobrega.

A partir del s.X, algunas comunidades de agricultores se instalaron alrededor de la iglesias, dando lugar a una nueva organización territorial, la parroquia, que del s.XI al XIV continuaron creciendo de forma regular hasta llegar a la treintena, pero a partir del año 1.300, se comenzaron a formar las “celleras”, pequeños conjuntos de casas situadas entorno a las iglesias del macizo.

A pesar de haber sido un lugar de intensamente poblado, las Gavarres están prácticamente deshabitadas, el proceso de abandono de las masías que se inició en el s. XX, continuó hasta finales de los años noventa. Tan sólo se mantuvieron tres núcleos de población permanente: Sant Pol de la Bisbal, Romanyà de la Selva de Santa Cristina d’Aro y Sant Mateu de Montnegre de Quart.

Actualmente se detecta un cambio lento pero progresivo, gracias al incremento de compra destinado a la primera o segunda vivienda, recordamos que el 98,2% de la superficie del Espai de les Gavarres, es de propiedad privada.

Megalitismo en las Gavarres

Les Gavarres conservan más de 40 monumentos megalíticos que están distribuidos en tres sectores: Fitor y su entorno, Romanyà de la Selva y Calonge. La creencia en el más allá, les llevó a construir grandes entierros megalíticos colectivos, en los que depositaban a los difuntos en el interior acompañados de elementos de ajuar funerario.

Los más antiguos son las tumbas de corredor o sepultura de corredor (entre 3.200-2.500 aC.) que consisten en un estrecho pasaje de grandes piedras y una o varias cámaras funerarias cubiertas de tierra o de piedra, un ejemplo claro lo encontramos en el Dolmen de Mas Bouserenys de Santa Cristina d’Aro o el Dolmen de la Cova d’en Daina, en Romanyà de la Selva.

* Dolmen de la Cova d’en Daina, Les Gavarres, Romanyà de la Selva.

Las galerías catalanas son una derivación moderna de los anteriores (2.500-2.100 aC.), en la que el corredor y la cámara están poco diferenciados. Destacamos la Cova d’en Daina en Romanyà y el Cementiri dels Moros de Torrent, y algunas más pequeñas y sencillas (2100-1500 aC.) como el Puig ses Forques de Calonge y Tres Peus en Fitor.

Pero en la Gavarres encontramos también otros monumentos megalíticos como los menhires, se trata de una piedra, por lo general alargada mínimamente tallada, colocada en forma vertical y enterrada en el suelo para evitar que caiga. Podéis visitar los menhires de la Murtra en Romanyà, Puig ses Forques en Calonge, Pedra Dreta, en Sant Sadurní de l’Heura y Pedra de les Goges en Santa Cristina d’Aro, además de diversas cuevas artificiales concentrades en la zona de Calonge.

Bosque y fauna de las Gavarres

Su bosque es de un intenso verde oscuro durante todo el año, está formado por encinas, alcornoques, roble, pino piñonero y pino marítimo, y se protege con una gran cantidad de arbustos y lianas.

Las Gavarres acogen una gran diversidad de fauna vertebrada e invertebrada, las zonas húmedas son habitadas por anfibios como la rana pintada o el tritón palmeado. Las aves más abundantes que aquí habitan son los petirrojos, los mosquiteros o la paloma torcaz, aunque también encontramos pájaros rapaces como el gavilán, azor o el cárabo.

Si te animas a pasear por sus senderos, es muy probable que escuches movimiento entre la hojarasca pues no es extraño encontrar ratones silvestres, o las huellas de animales más grandes como gatos monteses, zorros, tejones y jabalíes.

El macizo es un lugar ideal para practicar senderismo o realizar excursiones en bicicleta, los itinerarios están muy bien señalizados y el terreno es adecuado para este tipo de actividades. ¡Anímate a descubrirla!

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