Si una día te acercas a pasear por el Passeig de Riells de l’Escala no te sorprendas si, contemplando inmóvil el atardecer de esta parte de la Costa Brava, sentado sobre un muro de piedra, reconoces a un protagonista literario mundialmente famoso, nos referimos al Petit Príncep o Principito.

Hace unos años, este personaje del libro infantil del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, traducido a más de 40 idiomas, aterrizó en esta playa del Alt Empordà, un pequeño homenaje para conmemorar el 70 aniversario de la genial obra literaria y regalarnos una sonrisa.

El Petit Príncep, es un relato corto publicado por el aviador y escritor francés en 1943. Nos habla de la importancia del amor y la amistad, está dirigido fundamentalmente a los niños, pero su temática y la profundidad de reflexión, lo convierten en una obra de interés para todos.

El Petit Príncep no ha llegado solo, en el extremo opuesto de la platja de Riells encontramos los elementos más característicos del asteroide B-612, el lejano y minúsculo planeta donde el sol se pone más de 40 veces en un día. En este punto comienza una ruta que nos llevará a repasar diversos fragmentos del relato en el que un piloto de la aviación francesa, se ve obligado a aterrizar en el desierto del Sahara por una avería y se encuentra con un pequeño príncipe llegado de otro planeta.

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El color dorado de la arena nos transporta al Sáhara, unas rocas volcánicas nos recuerdan a los tres volcanes del planeta, una rosa en el suelo en forma de mosaico, a la flor que adoraba el Principito, tan delicada y única en todo el mundo que hubo de proteger bajo una campana de cristal.

En la plaça de l’Univers, las palmeras diseminadas en aparente desorden, representan las estrellas de las constelaciones de Oriente y en sus escaleras, sentado, el zorro, responsable de la famosa moraleja de este cuento “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.

Nuestro último paso de esta pequeña ruta por el paseo y por la novela nos llevará hasta el muro de piedra, donde descansa sentado su protagonista, mirando al mar.

El autor de esta propuesta fue Alfred Fernández de la Reguera, el arquitecto encargado de urbanizar la zona de Riells en 1992, en realidad fue una sugerencia de su hija, que surgió mientras lo acompañaba durante una visita a las obras. En ella encontraron los restos de una pared de una antigua finca, un muro que la niña asoció con el que aparece al final del relato, momento en que el Petit Príncep se encuentra con la serpiente. Su comentario inspiró toda la decoración del paseo y da nombre al mismo, Passeig del Petit Príncep.

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